Traducción: Laura Vallejo Tienen en sus manos la última edición impresa del Intermountain Catholic. Este es un anuncio agridulce para mí como editor. No solo es el fin de un legado de 126 años, sino que, como muchos de ustedes, yo disfruto sostener el periódico y hojearlo mientras reviso los titulares y leo las noticias. El hecho de que eso ya no sea posible me entristece, más aún porque ocurre bajo mi dirección. Es cierto que no tenía control sobre las finanzas, lo cual, como señala el obispo Solís en su mensaje, es la razón de este cambio. Debido a que los costos de impresión y correo han aumentado rápidamente en los últimos años, mientras que el número de lectores se ha mantenido estable y los ingresos por publicidad han disminuido, no había una manera viable de que la edición impresa continuara. Me hubiera gustado hacer algo para poder conservar la edición impresa, pero la-mentablemente no ha sido posible. Me afecto mucho la noticia de que el IC dejaría de publicarse en papel. Sin embargo, es alentador que la publicación continuará en línea, para que podamos seguir ofreciéndoles todas las noticias católicas locales. Esta es la misión que mis predecesores han asumido durante los últimos 126 años, y me enorgullece poder continuarla. El cambio a la versión en línea ofrece algunas posibilidades que estoy deseando explorar. Ahora, podremos difundir las noticias más rápidamente entre nuestros lectores. Mi plan es publicar la mayoría de las noticias al día, en lugar de esperar una semana o más, como ocurrió debido a la necesidad de diseñar el periódico y luego imprimirlo. Además, como no tendré que estar en la oficina para imprimir el periódico, podré salir más, asistiré a eventos en las parroquias e informaré sobre ellos desde allí. También podremos publicar obituarios y eventos del calendario a medida que se publiquen, en lugar de esperar a la edición impresa. Esto permitirá a los lectores estar informados con mayor rapidez sobre funerales y próximos eventos a los que podrían desear asistir. Nada de esto sería posible sin el personal del Intermountain Catholic. El cierre de la edición impresa implica que dos de ellos se marchan porque sus puestos ya no son necesarios para la producción del periódico, pero sería un grave descuido de mi parte despedirlos sin reconocer sus contribuciones. Ambos eran excelentes en su trabajo, y lo hacían tan bien que nunca me preocupé por si lo estaban haciendo bien. Me dieron tiempo para concentrarme en los aspectos editoriales del periódico, por lo que estoy agradecido. Sin embargo, más allá del trabajo, estaba su amistad, y extrañaré tenerlos en la oficina. También debo agradecer a los dos reporteros que quedan. Este periódico no se ha-bría publicado sin ellos, y les agradezco enormemente que formen parte de mi equipo. También quiero unirme al Obispo Solís al agradecer a los anunciantes y párrocos que han apoyado este periódico a lo largo de los años. De diversas maneras, han contribuido a la continuidad del Intermountain Catholic, algo que aprecio mucho. Este mensaje no estaría completo sin reconocer que este periódico, ya sea impreso o digital, no existiría sin ustedes, queridos lectores. Ustedes son la razón de ser de Intermountain: nuestra misión es mantenerlos informados sobre lo que sucede en nuestra Iglesia local, enseñarles e inspirarlos a mantener la fe. Muchos de ustedes me han contactado para informarme sobre la transición de la versión impresa a la digital, y rezo para que sigan compartiendo Intermountain Catholic con sus vidas a través de su correo electrónico o nuestro sitio web. Por favor, asegúrense de que su parroquia tenga su dirección de correo electrónico para que podamos enviarles este periódico semanalmente. Al igual que el Obispo Solís, agradezco su comprensión a medida que avanzamos con este esfuerzo, y mi oración es que pueda dirigir esta publicación con éxito en el futuro.