BRINGHAM CITY — Después de casi 45 años como sacerdote, el padre Francisco Pires está a punto de jubilarse. El padre Pires, quien desde 2020 ha sido párroco de la parroquia de St. Henry en Brigham City y su misión asociada, Santa Ana en Tremonton, fue ordenado sacerdote el 8 de diciembre de 1984 en Tobarão, Brasil. En 1991 llegó a Estados Unidos, sirviendo inicialmente durante cuatro años en la Diócesis de Phoenix. Durante un verano en el que asistió a una conferencia para sacerdotes hispanos en Texas conoció al padre Hernando Díaz, quien ahora es un sacerdote jubilado de la Diócesis de Salt Lake City, y este lo invitó a visitar Utah. El padre Pires cuenta que le informaron de la necesidad de sacerdotes para atender a la creciente población hispana en Utah. Tras visitar la zona, solicitó ejercer su ministerio allí y fue aceptado. “En agosto de 1995, monseñor J. Terrence Fitzgerald me dio la bienvenida al ministerio en la Diócesis de Salt Lake City, y Utah ha sido mi hogar desde entonces,” recordó el padre. Monseñor Fitzgerald, quien falleció el pasado mes de enero, en ese entonces era el vicario general de la diócesis. “Servir al pueblo de Utah durante los últimos 31 años ha sido una de las mayores bendiciones de mi vida sacerdotal,” dijo el padre Pires. Su actual óervicio lo llevó de regreso a sus orígenes. Su primer destino fue como vicario parroquial en la parroquia de St. Henry en Brigham City, y posteriormente en la Misión de Santa Ana en Tremonton, de donde se jubilará. En 1995, también estuvo destinado en la parroquia de Santo Tomás de Aquino en Logan. “Ahora, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que esos primeros años sentaron las bases para todo lo que vino después,” dijo. “La gente me recibió con mucha calidez y me ayudó a sentirme como en casa en un nuevo país y una nueva cultura.” Durante sus años en la diócesis, el padre Pires ha servido a las comunidades católicas de Brigham City, Tremonton, Logan, Richfield, Torrey, Gunnison, Ephraim, Orem, West Valley, Midvale y Riverton. “Hay algo profundamente significativo en ese camino,” dijo el padre. “Comencé mi ministerio en Utah, en Brigham City, y por la providencia de Dios también estoy concluyendo mi ministerio parroquial de tiempo completo aquí. Siento que el Señor ha completado un ciclo en mi ministerio. No podría haber pedido un lugar más significativo para concluir este capítulo de mi sacerdocio.” Desde vicario parroquial, pastor asociado, administrador, párroco y decano, el padre Pires dijo que cada asignación ha enriquecido su vida y fortalecido su vocación. “Cada parroquia se ha convertido en parte de mi historia de vida,” dijo el padre Pires. “Cada comunidad tuvo sus propias tradiciones, desafíos y dones únicos, pero todas compartían el mismo deseo de conocer a Cristo y edificar su Iglesia. Trasladarse de parroquia en parroquia nunca fue fácil, pero cada asignación se convirtió en una nueva oportunidad para presenciar la gracia de Dios obrando en su pueblo.” En el 2006 haber servido como el párroco fundador de la Parroquia de San Andrés en Riverton fue uno de los mayores privilegios de su sacerdocio. “Comenzar una nueva comunidad parroquial desde cero fue emocionante y a la vez una experiencia que me llenó de humildad,” dijo el padre Pires. “Construir una parroquia no se trata simplemente de construir un edificio; se trata de unir a las personas para formar una sola familia de fe. Ver crecer esa parroquia hasta convertirse en una comunidad vibrante y acogedora sigue siendo una de las mayores alegrías de mi ministerio.” El padre recordó cómo la primer Misa en San Andrés fue celebrada en el sótano de la casa parroquial, mientras que las clases de catequesis se impartían en una funeraria local. Durante casi dos años, las Misas dominicales se celebraban en un cine antes de que se construyera la escuela parroquial y la comunidad pudiera trasladarse al gimnasio de la escuela para la liturgia dominical. Las Misas aún se celebran en el gimnasio. Actualmente, la parroquia está recaudando fondos para construir una Iglesia, independiente de la escuela. Años después de haber sido vicario parroquial, el regresar a St. Henry como párroco, ha sido otra bendición especial para él. “Realmente sentí que volvía a casa, sirviendo una vez más a la parroquia donde comenzó mi ministerio en Utah,” dijo el padre. Tras más de tres décadas de ministerio sacerdotal en Estados Unidos, el padre comentó que es difícil elegir solo algunos momentos destacados, pero un recuerdo que sobresale es de su primer destino, cuando “también tuve el privilegio de celebrar la Misa y la Primera Comunión para la comunidad Católica de Snowville, a unos 80 kilómetros de Brigham City,” dijo. “Esas celebraciones me recordaron que ninguna comunidad es demasiado pequeña ni demasiado lejana para merecer la presencia de la Iglesia y la celebración de la Eucaristía.” El padre dijo que otro recuerdo especial de aquellos primeros años fue su ministerio con los pastores que trabajaban en los valles de Box Elder y Cache. “Los visitaba dondequiera que estuvieran trabajando, a veces cerca, a veces a muchos kilómetros de distancia en zonas remotas. Llevarles los sacramentos, orar con ellos y simplemente pasar tiempo con ellos le dio gran alegría y sentido a mi ministerio sacerdotal.” “En cada destino, también he estado profundamente agradecido por la increíble colaboración de los feligreses… Ya sea sirviendo como catequistas, músicos, lectores, ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión, miembros del consejo, voluntarios o en innumerables otros ministerios, su generosidad y dedicación hicieron posible la misión de la Iglesia.” Un sacerdote nunca sirve solo, afirmó el padre. “Todo el bien que se ha logrado siempre ha sido fruto de muchas personas fieles que trabajan juntas por el Reino de Dios.” Ahora que su jubilación está a la vuelta de la esquina, el padre Pires tiene un mensaje de sincera gratitud para la gente de Utah. “Gracias por permitirme ser su sacerdote,” dijo. “Gracias por sus oraciones, su amistad, su paciencia y su confianza. Han enriquecido mi vida mucho más de lo que jamás podré agradecer.” El padre anima a todos a permanecer cerca de Jesucristo a través de la Eucaristía, la oración diaria y el servicio a los demás. “Sigan dando la bienvenida a las nuevas familias, cuidando a los necesitados y trabajando juntos para construir comunidades parroquiales vibrantes,” dijo el padre. “La Iglesia crece dondequiera que la gente vive su fe con alegría, generosidad y esperanza.” El padre Pires le pide a la comunidad de Brigham City que reciba a su nuevo párroco con la misma calidez, amabilidad y generosidad que le mostraron cuando llegó por primera vez en 1995. “Apóyenlo con sus oraciones, su participación activa y su disposición a compartir sus dones. Una parroquia florece cuando el sacerdote y los feligreses trabajan juntos en la fe y la caridad.” Aunque dejará la administración parroquial, no se retira del sacerdocio. “Dios me llamó al sacerdocio de por vida, y espero seguir celebrando los sacramentos y sirviendo donde se me necesite en nuestra diócesis,” dijo el padre. “Simplemente les pido que sigan orando por mí, como yo seguiré orando por todos ustedes.” Entre sus planes para esta nueva etapa de su vida se encuentra dedicar más tiempo a la oración, la lectura espiritual, el ejercicio y “pasar tiempo con familiares y amigos, especialmente durante las visitas a Brasil… Al mismo tiempo, espero poder ayudar en las parroquias siempre que me lo pidan. Un sacerdote nunca se retira realmente de su vocación; simplemente sirve de diferentes maneras según la voluntad de Dios.” “Hoy concluyo mi ministerio pastoral con un corazón agradecido, sabiendo que la gente de esta diócesis se ha convertido en mi familia,” dijo el padre Pires. “Comencé mi ministerio en Brigham City, Utah, y me siento bendecido de terminarlo también aquí. Es un hermoso recordatorio de que Dios guía cada paso de nuestro camino. Siempre llevaré a la gente de Utah en mi corazón y en mis oraciones.”